viernes, septiembre 03, 2004
¿Un Aleph?
El tipo promocionaba un control remoto de esos que sirven para todas las marcas, todos los aparatos electrónicos y todo de todo. Algunos de los pasajeros del tren ni siquiera le recibían el producto o esquivaban su intento de ponerlo en la falda. Yo acepté sonriente como lo hago con cada estampita, hebilla, llavero o lo que sea que vendan, total, nunca gasto en lo que no necesito. La caja no decía nada, por lo cual no estaba en mis planes abrirla hasta que una viejita que bajaba en Lanús me miró de reojo y dijo “cuidado m’hijita, no la abra”
Esperé a perderla de vista e inmediatamente pispié lo que contenía: el control remoto era horrible, verde y con una pelota de fubtol en la punta. Un asco. ¡Qué vieja petera! ¿Tanto lío para esto?
Había también instrucciones que explicaban todo lo que esa cosita podía controlar: maremotos, presidentes, pobreza, educación, novio/as, padres, el cuerpo humano, frutas, noticias, quebradas, vientos, jefes, remolinos de pelo, nervios, gases y demás. Costaba muy barato: $2.
¿Lo lleva señorita?
-No, le agradezco. (-Dos pesos es un precio muy barato para tanto poder- Pensé)
-Se lo dejo un rato más, mírelo tranquila.
Seguí leyendo las instrucciones como desafiando al artefactito. Horrorizada vi todo el poder que podría tener, tuve miedo. Cuando el diablo vestido de vendedor volvió, intenté ocultar mi pánico, mi espanto, mi shock. Con la mano temblequeando se lo devolví rápidamente, no sin antes apuntarlo hacia mis tetas y agrandarlas un poquito.
Lo dijo: Tina - 9:57 a. m. -